
History of the 1918 Spanish flu pandemic. The influenza pandemic of 1918-1919 killed more people than World War I, some where between 20 and 40 million people. It has been cited as the most devastating epidemic in recorded world history. Known as the “Spanish Flu” or “La Grippe” the influenza of 1918-1919 was a global disaster. Since then, and with the discovery of the causative agent, the influenza virus, a great deal of research has been done to explain why it was so virulent. Even now there are still huge gaps in our knowledge, and careful plans should be made to deal with a new influenza pandemic, which could happen soon, within the context of an international network. El virus de la gripe de la influenza es un virus típico del sistema respiratorio que afecta a millones de personas anualmente. Hay tres tipos de virus de gripe (A, B o C). Son virus de RNA de cadena negativa con un genoma segmentado, que pueden infectar al hombre y causar en mayor o menor grado la enfermedad. Las vacunas actuales, obtenidas a partir de virus inactivos o de fragmentos del virus, ofrecen una protección adecuada. El virus de la gripe de 1918 es del tipo A, responsable de la mayoría de las epidemias y pandemias de gripe. Este virus muestra gran variación año tras año en sus propiedades. Los virus de la gripe de tipo A se encuentran también en aves y también sufren brotes de gripe otras especies, como ballenas, focas o visones. Los caballos y los cerdos también se infectan frecuentemente y los investigadores sugieren que el ganado porcino representa una posición fundamental para la mezcla de cepas de gripe humanas y de aves, con el resultado de nuevas cepas híbridas que pueden infectar a humanos (figura 1).

Figura 1. Reserva de virus de la gripe tipo A. La hipótesis de trabajo es que las aves acuáticas salvajes mantienen la reserva de los virus de la gripe para aves y mamíferos. Se ha demostrado la existencia de transmisión viral entre cerdos y humanos, y también entre pollos y humanos, pero hasta ahora no se ha demostrado ninguna transmisión entre aves salvajes y humanos (trazos discontinuos). Lo que sí que se ha encontrado es transmisión viral entre las aves salvajes y otras especies (trazos continuos). El reconocimiento de virus propios de cada grupo de huéspedes se basa en el análisis filogenético del gen de la nucleoproteína a partir de gran número de diferentes cepas del virus de la gripe. © Mètode Las dos proteínas de superficie del virus de la gripe que intervienen en el reconocimiento por el sistema inmunológico son la hemaglutinina (HA) y la neuraminidasa (NA). Cada una de estas dos proteínas se codifica en dos fragmentos independientes, de los ocho en total que forman el genoma del virus de la gripe. Hasta hoy se han descrito quince subtipos de hemaglutinina (H1 a H15) y nueve subtipos de neuraminidasa (N1 a N9). La inmunidad frente al virus de la gripe está relacionada principalmente con la presencia de anticuerpos frente a la hemaglutinina, que es clave para el virus en el momento de su unión a los receptores celulares para iniciar la fusión de membranas, viral y celular: el primer paso en la infección viral. La aparición de un nuevo subtipo viral con una hemaglutinina distinta a las propias de la especie implica que la inmunidad adquirida en el pasado no confiere protección frente al nuevo virus. Se cree que la fuente principal de nuevas versiones del gen de la hemaglutinina se encuentra en la gran variedad de este gen en el genoma de la gripe que infecta las aves salvajes, sin causarles síntomas. De manera periódica, el material genético de la hemaglutinina presente en el virus de la gripe aviaria pasa a los virus de la gripe humana por reemplazo de este fragmento del genoma. De los quince subtipos de hemaglutinina que se pueden encontrar en aves (H1–H15), tres de ellos (H1, H2 y H3) han sido responsables de pandemias en humanos. Las hemaglutininas de humanos y de aves se distinguen por su capacidad de unir de forma distinta el ácido siálico, que forma parte del receptor viral. La distinta afinidad del receptor actúa como barrera frente a la infección cruzada entre especies diferentes. Antes de que un virus con una hemaglutinina de aves pueda replicarse y extenderse de manera eficiente en humanos, tiene que producirse cierta adaptación que modifique la afinidad por los receptores celulares. No se sabe si las hemaglutininas que han provocado pandemias eran capaces de adaptarse más rápidamente o si por el contrario cualquiera de los quince subtipos presenta el mismo riesgo y podría adaptarse también. Para que un brote de gripe se considere una pandemia tiene que cumplir dos condiciones. La primera es que el brote, que aparece en una área geográfica concreta, se extienda por todo el mundo, infecte a gran número de personas e incremente los valores de mortalidad esperados. La segunda es que la pandemia de gripe sea causada por un virus de tipo A que presente un nuevo subtipo de hemaglutinina, que no debería estar relacionada con la que circulaba previamente antes del brote y, además, no puede provenir de virus circulantes por mutación directa. ■ Pandemias de gripe Muchos investigadores han intentado identificar pandemias de gripe a lo largo de la historia de la humanidad; aunque es inevitable que cuanto más antiguos sean los datos resultan menos fiables (ver tabla 1).
Año | Países afectados | Estación en que se detectaron | Origen | Observaciones | 1580 | Europa, África, América del Norte | Verano | Ásia | — | 1729-33 | Europa, América del Norte, América del Sur, Rusia | Primavera | Rusia | Dos oleadas diferentes, o dos epidemias diferentes; la segunda más grave | 1781-82 | Europa, China, India, América del Norte, Rusia | Otoño | Rusia/China | Dos oleadas; la segunda más grave | 1830-33 | Europa, América del Norte, Rusia, India, China | Invierno | China | Dos oleadas; la segunda más grave | 1889-91 | Todos los países afectados | Primavera | Rusia | Infección extensiva en primavera y verano; en invierno de carácter pandémico. Las últimas oleadas fuerno las más graves | 1900 | Europa, América del Norte y del Sur, Australia | Desconocida | Desconocida | Baja incidencia clínica. Las pruebas serológicas detectaron un nuevo subtipo de virus | 1918-20 | Todos los países afectados | Primavera | EUA/China | Dos fases diferentes; la segunda más grave | 1957-58 | Todos los países afectados | Invierno/Primavera | China | Dos oleadas; la segunda similar o peor | 1968-69 | Todos los países afectados | Verano
| China | En Europa el punto culminante llegó un año después
| 1977-78 | Todos los países afectados | Verano | China/Rusia | — |
Tabla 1. Las peores pandemias de gripe de la historia. Las pandemias que se han sucedido a partir del año 1957 están claramente identificadas, tanto por su extensión por todo el mundo como por la disponibilidad de datos genéticos del virus responsable. Las informaciones relativas a los virus causantes de las epidemias antes de esta fecha se deben interpretar con mucho cuidado, ya que no se dispone de estos datos genéticos. Hasta el año 1933, cuando se aisló por primera vez el virus de la gripe, las pandemias se describían basándose sólo en la observación de su rápida distribución a nivel mundial y en los datos de morbilidad y mortalidad, que sugerían la aparición de un nuevo subtipo viral. ■ La pandemia de 1918-1919. La gripe española El nombre de gripe española es una anécdota de la historia que tuvo lugar porque España, como no estaba implicada en la Primera Guerra Mundial, tenía una prensa libre que podía presentar sin censura los datos de la epidemia. Cuando Rusia dio parte de la situación de la epidemia en Moscú, el diario Pravda publicó el titular «Ispanka (la dama española) está en la ciudad» y este nombre tuvo éxito. El lenguaje emotivo con el que se describe esta pandemia en la prensa europea parece estar altamente justificado y podemos encontrar frases como: «El mayor holocausto médico de la historia», «Esta pandemia, junto a la plaga de Justiniano y la Peste Negra, son las tres epidemias más destructivas que ha vivido la humanidad» o «La gripe ha matado en unos meses a más gente que todos los ejércitos de la guerra del 1914-1918 en cuatro años». La pandemia de gripe de 1918-1919 provocó entre 40 y 50 millones de muertos, una mortandad muy superior a los 8 millones de soldados que murieron durante el conflicto. El origen de esta pandemia es desconocido. Los investigadores han sugerido China, de donde muchos trabajadores emigraban entonces hacia Europa y Estados Unidos. Esta migración podría estar relacionada con que el primer caso de muerte por la pandemia es un soldado americano adscrito a Camp Funston (Kansas, Estados Unidos), fallecido el 8 de marzo de 1918. Aproximadamente en las mismas fechas se observaron brotes en Detroit (Carolina del Sur) y en la prisión de San Quintín (California), por lo que los investigadores aceptan estos datos como pruebas de un origen americano de la pandemia. A partir de aquí la pandemia se puede localizar perfectamente en el tiempo y en cada lugar por donde pasó (figura 2).

Figura 2. Pandemia de gripe 1918-1920. Primeros brotes (cuadros amarillos): marzo 1918; expansión de la primera oleada (flechas discontinuas) y de la segunda oleada (flechas continuas); número de meses a partir de marzo de 1918 cuando la epidemia fue detectada (el número acompaña la flecha); puntos de partida de la segunda oleada (círculos magenta) © Mètode La infección se extendió entre los soldados americanos y posteriormente en Europa durante la guerra. A Francia llegó entre abril y mayo de 1918. En el mismo período llegó a España, Italia y Alemania. En junio llegó a Gran Bretaña y después a Rusia. Al norte de África llegó en mayo de 1918 y desde allí se extendió hacia Bombay, Calcuta, China, Nueva Zelanda y Filipinas en junio de 1918. Hubo tres oleadas, la de marzo a julio del 1918, la de septiembre a diciembre de 1918 y la de febrero a abril de 1919. La segunda de las oleadas fue la más virulenta. Los síntomas habituales de la gripe –aumento rápido de la fiebre, temblores, dolor de cabeza, dolores musculares en espalda y piernas y tos seca– se presentaron en la mayoría de los casos descritos y los pacientes se recuperaban al cabo de unos días de reposo en cama. Sin embargo, algunos individuos que mostraban signos de infección morían en 24 horas, incluso hay datos de personas que caían literalmente muertas y de otras que morían al cabo de dos o tres días, especialmente por encharcamiento de los pulmones, que se llenaban de la sangre provocada por las hemorragias. En general estos últimos habían padecido una infección secundaria de neumonía. Muchos de los que murieron presentaban coloración azul de los labios, orejas, cara, dedos de las manos y de los pies, un síntoma que se denomina cianosis y que es provocado por falta de oxígeno. Las autopsias revelaban daños en los pulmones y en el corazón, así como en otros órganos, como el hígado, los riñones o la vesícula. Una de las características más inusuales de esta pandemia es la distribución por edades de los que morían. La mayoría eran individuos de entre veinte y cuarenta años, mientras que en otras pandemias anteriores y posteriores eran los individuos más jóvenes (niños) y los más ancianos (más de 65 años) los más afectados. Es posible que las personas de más edad presentaran algún tipo de inmunidad, adquirida a partir de alguna infección previa por un virus de la gripe con características semejantes a éste, pero de menor virulencia. La idea de que este virus fuera menos virulento en tejidos de niños y ancianos es difícil de argumentar. Por otro lado, el reclutamiento de jóvenes entre veinte y cuarenta años para ir a la guerra, en lugares con niveles bajos de higiene y nutrición, como suele ocurrir en las grandes concentraciones humanas, quizá favoreció la rápida distribución del virus. Sin embargo, esta explicación resulta demasiado simple, ya que la distribución por edades y clases sociales fue semejante en muchos países, algunos no implicados en la guerra. Las condiciones históricas presentes el año 1918, con grandes movimientos de población en todo el mundo, proporcionaron a la dama española el mejor sistema de extenderse. Quizá demasiado tarde, los gobiernos nacionales y locales impusieron medidas sanitarias, como cerrar ciertos lugares de reunión pública, llevar máscaras y establecer cuarentena en los puertos marítimos. ■ Otras pandemias del siglo XX Las principales pandemias de gripe del siglo XX han sido: la española del 1918 (H1N1) con más de 40 millones de muertes, la asiática del año 1957 (H2N2) –cuando murió más de un millón de personas– y la gripe de Hong Kong del año 1968 (H3N2), que causó la muerte de aproximadamente 750.000 personas. A partir de los datos disponibles y de los controles de vigilancia y prevención de la gripe durante el siglo XX se observa que la periodicidad de los brotes ha variado entre once y treinta o cuarenta años. Estos valores hacen pensar a los investigadores que estamos cerca de que una nueva pandemia de gripe se pueda extender. De alguna manera, las condiciones presentes el año 1918 pueden asemejarse a las actuales: gran cantidad de viajes internacionales a causa del desarrollo del transporte; un cierto número de regiones del mundo se encuentran en guerra, con los problemas inherentes que conlleva de malnutrición y falta de higiene; y una población que se eleva a 6.500 millones de personas, una gran proporción de la cual vive en condiciones de pobreza que implican ausencia de infraestructuras y eliminación inadecuada de residuos. Durante los últimos treinta años se han sucedido cuatro alarmas. El año 1976, un soldado murió en Fort Dix (Nueva Jersey, EE UU) y el virus recuperado fue identificado como descendiente del virus de gripe de la pandemia de 1918. Hubo una producción masiva de vacunas y se inició una campaña para administrarlas, pero afortunadamente el virus no se extendió. En 1977 apareció la llamada gripe rusa y el virus implicado estaba altamente emparentado con una cepa viral que circulaba durante los años cincuenta. Una fuga fortuita de un laboratorio parece la causa de esta reintroducción. En el año 1997 una nueva cepa de virus (H5N1) apareció en Hong Kong y fue el primer caso documentado de transmisión directa entre ave y humanos. Las implicaciones de este contagio eran potencialmente catastróficas porque la población no había adquirido inmunidad ante este virus. Por fortuna, solo se detectaron dieciocho casos de infección y seis muertes y no se han encontrado evidencias de transmisión entre humanos. Para evitar un brote de mayores dimensiones las autoridades de Hong Kong ordenaron sacrificar más de un millón de pollos. La rápida actuación del Gobierno salvó probablemente la vida de millones de humanos. Los programas de vigilancia tanto en humanos como en aves continúan y se han tomado medidas para obtener una vacuna que permita controlar un posible brote antes de que se convierta en pandemia. En diciembre de 2003 se detectó una nueva infección con la cepa de gripe H5N5 en aves de corral en ocho países de Asia. Esta vez se detectaron 32 casos en humanos y 22 resultaron en muertes (casi un 70% de mortalidad). Más de 100 millones de pollos murieron o tuvieron que ser sacrificados. También en 2003 se detectó una infección con una nueva cepa H7N7 en Holanda y una persona murió. Más de 30 millones de pollos fueron sacrificados y esta medida permitió controlar el brote epidémico que comenzaba a extenderse hacia Alemania y Bélgica ■ ¿Por qué la gripe de 1918 fue tan virulenta? Análisis genético y estructural Por qué el virus de gripe de 1918 fue tan devastador es aún un misterio. Esta pandemia tuvo lugar antes de que los virus fueran reconocidos como agentes causales de la enfermedad y, en consecuencia, no se ha conservado expresamente ninguna muestra. Las pistas que podemos utilizar para poder descifrar el misterio provienen de muestras aisladas de genoma viral de algunas de las víctimas. En la actualidad tres muestras se han podido recuperar a partir de biopsias de pulmón de soldados infectados y que se conservaron en parafina después de fijarlas en formalina. Una cuarta muestra se obtuvo de una mujer inuit de Alaska que murió de gripe y que fue sepultada en la capa de permagel. Algunos de los factores propuestos para explicar la alta mortalidad observada en 1918 son las pobres condiciones de vida en los campos de soldados concentrados para la guerra –donde muchos de ellos murieron– (figura 3), y también la ausencia de medicamentos adecuados para tratar las infecciones secundarias por neumonía. En lo concerniente a la alta mortalidad entre los jóvenes, se ha intentado proponer una explicación a partir de la idea de que los más viejos podrían tener algún tipo de inmunidad adquirida de algún brote previo de gripe. Pero la teoría más aceptada es que el virus A de la gripe de 1918 presentaba propiedades patogénicas únicas, muy probablemente relacionadas con su hemaglutinina.

Figura 3. Hospital de emergencia durante la epidemia de gripe del año 1918, campo Funston, Kansas. Cortesia del National Museum of Health and Medicine, Armed Forces Institute of Pathology, Washington DC. El análisis genético de la hemaglutinina viral (HA), de la neuraminidasa (NA) y de los genes no estructurales (NS) sugiere que el virus de 1918 era genéticamente uniforme y que estaba bien adaptado a su huésped humano. Las secuencias nucleotídicas de estos genes no revelan ninguna característica especial que pueda explicar la especial virulencia de este virus, pero a partir de éstas una serie de hipótesis han podido ser descartadas. La explicación de la virulencia quizá se encuentra en las secuencias de los otros cinco genes que codifica este virus, aunque bien pudieran ser una serie de aminoácidos en diferentes proteínas los que contribuyeron a hacer tan virulenta la gripe de 1918. La virulencia del virus de la gripe es una función complicada en la que intervienen las características genéticas del virus, la situación del sistema inmunitario del individuo infectado y la dosis y ruta de transmisión. Los virus de la gripe que causan pandemias muestran, en general, una mayor virulencia que los que se detectan en períodos entre pandemias, probablemente porque presentan novedades antigénicas para los individuos. Si tanto la hemaglutinina (HA) como la neuraminidasa (NA) han sido reemplazadas, como ocurrió en 1957, la cepa responsable de la pandemia será probablemente mucho más virulenta que si solamente una de las dos proteínas fuera nueva, como ocurrió en 1968 cuando sólo la hemaglutinina era distinta. La severidad de la pandemia de 1918 sugiere que ambas proteínas, HA y NA, eran antigénicamente nuevas y que el virus no había circulado ampliamente entre la población humana antes de la primavera de 1918. Los efectos del virus de 1918 en los tejidos respiratorios también eran poco habituales. Hay determinados motivos entre los aminoácidos de la HA y la NA del virus A de la gripe que están asociados a cambios en los tejidos infectados normalmente. Ni la HA, ni la NA de la gripe de 1918 presentan estas mutaciones que se han descrito como responsables del incremento de tejidos que pueden ser afectados y por tanto de la virulencia de una determinada cepa. El análisis de otros genes de la cepa de 1918 ha dado resultados semejantes. La secuencia completa de los segmentos no estructurales (NS) fue también analizada para comprobar la hipótesis de que la extrema virulencia de la cepa de 1918 era debida a la inhibición del interferón I por parte de la proteína viral NS1. Los resultados de este análisis no fueron concluyentes. De manera semejante también se analizó el segmento correspondiente a la proteína de matriz M y de nuevo ninguna pista se pudo deducir del estudio de secuencias. Más recientemente, el año 2004, se realizaron observaciones más profundas en la estructura de proteínas, concretamente comparando la estructura obtenida por rayos X de la HA de 1918 con otros HA de diferentes brotes y de otras especies. Dos trabajos simultáneos aparecieron en la revista Science, pero ninguno de los dos llegaba a una conclusión definitiva, pese a que los autores presentaban ciertas características innovadoras en su análisis que no se pudieron observar antes comparando solamente secuencias nucleotídicas en lugar de estructuras proteicas. Así pues, describen un antígeno viral con características nuevas que podrían haber contribuido a provocar alteraciones en la ruptura de enlaces del ácido siálico o cambios en las propiedades de fusión de las membranas viral y celular. Estas características podrían haber dotado el virus de mecanismos no descritos hasta el momento, que no se han vuelto a presentar en posteriores infecciones y que incrementaron la capacidad de infección del virus, especialmente en individuos que no habían estado previamente expuestos a los nuevos antígenos virales. Si se pudiese lograr un aislado viral de la primera oleada de 1918 sería de gran ayuda para descifrar un poco más las bases genéticas de su extremada virulencia, ya que se podrían observar diferencias de secuencia entre la primera y la segunda oleada y detectar qué fragmentos genómicos eran nuevos en la una con respecto a la otra. El estudio de hasta qué punto la pandemia de 1918 fue como otras pandemias nos puede permitir entender cómo surgen las pandemias en general. Sin embargo, por otro lado, hasta que no seamos capaces de entender qué hizo diferente la gripe del 1918 de las otras no podremos aprovechar las lecciones obtenidas del conocimiento de ésta para predecir la magnitud y el riesgo para la salud que una nueva pandemia puede provocar. ■ ¿Estamos preparados para una nueva pandemia? Los virus de la gripe, por su habilidad para intercambiar material genético entre diferentes cepas, son capaces de emerger o reemerger como nuevos virus y con el potencial de extenderse rápidamente en poblaciones susceptibles de causar pandemias de alcance mundial. Cuando estas pandemias ocurren, se expanden rápidamente, causan altas tasas de morbilidad y mortalidad y una enorme demanda de servicios de salud pública. La única intervención posible actualmente –la vacuna contra la gripe– no se puede preparar hasta que el virus responsable de la pandemia se identifica correctamente y su disponibilidad como medida preventiva está bastante restringida, especialmente en las fases iniciales de la pandemia. Las situaciones futuras de pandemia de gripe son bastante probables –por no decir inevitables–, pero no se puede predecir exactamente cuándo tendrá lugar una próxima pandemia. Las pandemias principales en el pasado han ocurrido en intervalos que varían entre los 11 y los 42 años sin un patrón claro de periodicidad ni una época del año determinada. Durante los últimos años se ha ido preparando un plan estratégico de actuación para el momento en que aparezca una nueva pandemia, que podría ser inminente. Cuando se empezó a formular este plan, la cepa de gripe H5N1 produjo el brote en pollos en Hong Kong (1997) y este virus se trasmitió directamente a humanos, donde mostró ser bastante patogénico. Un total de 18 personas fueron infectadas y 6 murieron. El virus aislado de una aspiración de la tráquea de una víctima se identificó como virus de gripe tipo A y subtipo H5N1. Este caso es el primero que se ha reconocido como de infección directa desde un ave hacia humanos y es el mismo virus que fue responsable de un brote de gripe en aves de corral entre marzo y mayo del 1997 en Hong Kong con una mortalidad en las granjas de entre el 70% y el 100% de los pollos. Los aislados virales procedentes de humanos y de aves se han caracterizado de manera extensiva y no hay ninguna duda de que el virus H5N1 presente en pollos fue el precursor de la cepa H5N1 aislada en humanos. Esta transmisión entre especies de una cepa viral de ave altamente patogénica creó una situación única y, en cierto sentido, mostró que el plan de control, que estaba en sus inicios, no había tenido en cuenta determinados aspectos: – En primer lugar, si el virus se hubiese establecido en humanos con transmisión de humanos a humanos, las aves domésticas habrían estado en peligro, incluyendo los pavos y otras especies de aves de corral aparte de los pollos. Esto hubiese implicado que la fuente habitual de proteínas virales de gripe para preparar vacunas, que es el cultivo del virus en huevos de gallina, se habría visto amenazada e inutilizable, ya que, si el virus mata el embrión, no se produce suficiente proteína para preparar vacunas. – La cepa viral de aves altamente patogénica en humanos no se hubiera podido usar para preparar vacunas, ya que se trata de un peligro biológico tanto para humanos como a nivel veterinario. Otras alternativas, como preparar cepas modificadas genéticamente, se deberían sopesar en el desarrollo de nuevos planes futuros de control. – La existencia de laboratorios de alta seguridad de nivel 3 (bajo nivel de riesgo poblacional y alto nivel de riesgo para el experimentador) para trabajar con la cepa H5N1 era en aquel momento muy limitada en el mundo, lo que dificultó la caracterización del virus, el desarrollo de la vacuna y las pruebas de antivirales candidatos. – Tanto la amantidina como la rimantidina fueron muy útiles en las terapias aplicadas a humanos en los casos detectados en Hong Kong, así como en la profilaxis de los trabajadores sanitarios. Sin embargo, si el virus se hubiera extendido no se habría contado con reservas suficientes de estos medicamentos para controlar completamente la epidemia/pandemia. Por otro lado las cepas de virus H5N1 actuales son resistentes a estos antivirales, pero aún son sensibles a inhibidores de la neuraminidasa, como el oseltamivir y el zanamivir. En los planes de prevención actuales se acumulan estos antivirales para utilizarlos mientras se preparan nuevas vacunas. – Por último, una de las enseñanzas de la experiencia del 1997 fue que el exterminio de pollos en Hong Kong interrumpió la propagación del virus en humanos, lo que demuestra que la disminución de la transmisión entre especies puede evitar la emergencia de virus de la gripe. Este episodio subraya la importancia y la efectividad de la red de trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que vigila e investiga para detectar rápidamente la aparición de nuevos virus que infectan a la población humana. Estas redes de trabajo deben facilitar colaboraciones constructivas entre las autoridades sanitarias, médicos, científicos y veterinarios para poder abordar la amenaza de una nueva pandemia. Una lección importante, recibida tanto de la pandemia de 1918 como de la de 1997, es la existencia de grandes lagunas en nuestro conocimiento del virus de la gripe. Bibliografía Basler, C. F. i altres, 2001. “Sequence of the 1918 pandemic influenza virus nonstructural gene (NS) segment and characterization of recombinant viruses bearing the 1918 NS genes”, Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 98: 2746-2751. Daniels, R. [en línia]. “In Search of an Enigma: The "Spanish Lady”, National Institute for Medical research”, <www.nimr.mrc.ac.uk/MillHillEssays/1998/influenza1918.htm >. Gamblin, S. J. i altres, 2004. “The structure and receptor binding properties of the 1918 influenza hemagglutinin”, Science, 303: 1838-1842. Holmes, E. C., 2004. “Virology. 1918 and all that”, Science, 303: 1787-1788. Kobasa, D. i altres, 2004. “Enhanced virulence of influenza A viruses with the haemagglutinin of the 1918 pandemic virus”, Nature, 431: 703-707. Nicholson, K. G., Webster, R. G. i A. J. Hay, 1998. “Textbook of Influenza”, Blackwell Science Ltd: capítol 1 i apèndix. Reid, A. H., Fanning, T. G., Janczewiski, T. A. i J. K. Taubenberger, 2000. “Characterization of the 1918 ‘Spanish’ influenza virus neuraminidase gene”, Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 97: 6785-6790. ____________, 2002. “Characterization of the 1918 ‘Spanish’ influenza virus matrix gene segment, J. Virol, 76: 10717-10723. Reid A. H. i J. K. Taubenberger, 2003. “The origin of the 1918 pandemic influenza virus: a continuing enigma”, J. Gen. Virol, 84: 2285-2292. Stevens, J., Corper, A. L. i altres, 2004. “Structure of the uncleaved human H1 hemagglutinin from the extinct 1918 influenza virus”, Science, 303: 1866-1870. Tumpey, T. M., García-Sastre, T. M. i altres, 2002. “Existing antivirals are effective against influenza viruses with genes from the 1918 pandemic virus”, Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 99: 13849-13854. Webster, R. G., Bean, W. J. i altres, 1992. “Evolution and ecology of influenza A viruses”, Microbiol. Rev, 56: 152-179. Inmaculada García-Robles. Investigadora posdoctoral. EMBL Grenoble Outstation (Francia). Rob W. Ruigrok. Profesor titular e investigador visitante. EMBL Grenoble Outstation (Francia). Laboratorio de Virología Molecular y Estructural, Facultad de Farmacia, Université Joseph Fourier, La Tronche (Francia). © Mètode 45, Primavera (Mayo) 2005. | | 
Interpretación del virus de la gripe. La neuraminidasa y la hemaglutinina se encuentran representadas por las estructuras en rojo y dorado respectivamente. © R. Kightley «Los caballos y los cerdos también se infectan frecuentemente y los investigadores sugieren que el ganado porcino representa una posición fundamental para la mezcla de cepas de gripe humanas y de aves, con el resultado de nuevas cepas híbridas que pueden infectar a humanos»  Estructura de la proteína hemaglutinina (HA) del virus de la gripe. Las flechas representan estructuras proteicas de lámina beta y los tirabuzones de alfa-hélice. Las esferas pequeñas indican lugares de glicosilación probablemente relacionados con propiedades antigénicas; en verde los de la HA humana del año 1918 y en magenta los acumulados entre los años 1918 y 2002. © Science, 2004 «Algunos de los factores propuestos para explicar la alta mortalidad observada en 1918 son las pobres condiciones de vida en los campos de soldados concentrados para la guerra –donde muchos de ellos murieron–, y también la ausencia de medicamentos para tratar las infecciones secundarias por neumonÍa» «Las situaciones futuras de pandemia de gripe son bastante probables –por no decir inevitables–, pero no se puede predecir exactamente cuándo tendrá lugar una próxima pandemia» |