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Lunes, 05 Diciembre 2011Los orígenes del "CSI"
El polvo en la investigaciones forenses del siglo XXpor Pau Sisternas
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Cuando pensamos en la investigación forense, a todos nos vienen a la cabeza las pruebas de ADN al más puro estilo CSI. Pero a principios del siglo xx, antes de que llegasen los avances tecnológicos que tenemos hoy en día, el polvo era uno de los puntos clave en las investigaciones criminales, gracias a las aportaciones del jurista austríaco Hans Gross y del criminalista francés Edmond Locard. Para Gross, autor en 1893 del Handbuch für Untersuchungsrichter als System der Kriminalistik, un manual sobre investigación criminal, la investigación tiene dos requerimientos interrelacionados: mantener el estado de la escena del crimen, sin tocar nada –una de las reglas de oro para los policías investigadores– y un análisis científico de los restos que se encuentran en la escena. Unos años después, Locard fue más allá de Gross y puso el polvo en el centro de la investigación. Las razones de Locard eran la ubicuidad del polvo, ya que todos los objetos lo tienen aunque se cambien de sitio; y su capacidad para mantener el estado morfológico de sus fuentes originales. Este criminalista definió el polvo como una «acumulación de ruinas pulverizadas» de cualquier cuerpo orgánico o inorgánico.
Así lo explicaba Ian Burney, profesor de la Universidad de Manchester, en la inauguración del seminario «Experts in the periphery (19th-20th centuries)», celebrado del 30 de noviembre al 2 de diciembre en el Instituto de Historia de la Medicina y la Ciencia López Piñero. Como ejemplo de la importancia del polvo en las investigaciones, Burney eligió el personaje del doctor Thorndyke, un personaje de ficción creado por Richard Austin Freeman a principios del siglo pasado. El doctor Thorndyke A partir de los avances de Grass y Locard, Richard Austin Freeman empezó a escribir las historias de detectives del doctor John Evelyne Thorndyke. Las novelas de Freeman, a diferencia de lo que pasa con otras del mismo tema, también tenían una finalidad didáctica. Por un lado, servían para instruir a los oficiales de policía de cara a futuras investigaciones y, por el otro, acercaban al público las novedades en estas investigaciones criminales. Estos libros llegaron a una audiencia diferente a la que tenían los de Grass o Locard, y contribuyeron de forma muy significativa a cambiar las prácticas forenses del momento. Además, popularizaron entre el público la investigación forense. Pau Sisternas Fajardo. Estudiante de Periodismo de la Universitat de València. |
Ian Burney es investigador y profesor en el Centre for the History of Science, Technology and Medicine (University of Manchester). © N. Mengual «Antes de que llegasen los avances tecnológicos que tenemos hoy en día, el polvo era uno de los puntos clave en las investigaciones criminales»
![]() © N. Mengual Segons Burney, fue a partir de los avances de Gross i Locard, cuando Freeman empezó a escribir las historias del doctor Thorndyke, que también eran didácticas. |
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