Entrevista Monográfico
Robin Dunbar
Profesor de Antropología Evolucionista de la Universidad de Oxford
¿Cuántos amigos podemos tener?por Paula Casal
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Robin Dunbar (Liverpool, 1974), profesor de la Universidad de Oxford y miembro de la Academia Británica, antropólogo y biólogo evolutivo de gran prestigio internacional, es especialmente conocido por haber descubierto que 150 es el máximo número de individuos con los que un ser humano puede tener una relación estable. Entre sus numerosísimas publicaciones destaca Reproductive Decisions. An Economic Analysis of Gelada Baboon Social Strategies (1984), Primate Social Systems (1988), The Trouble with Science (1996), Grooming, Gossip and the Evolution of Language (1997), Primate Conservation Biology (2000), The Human Story (2004) y How Many Friends Does One Person Need? Dunbar’s Number and Other Evolutionary Quirks (2010). «¿Ha venido por el experimento?», me preguntaron al entrar en el Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de Oxford, que dirige Robin Dunbar. «¿Qué experimento?» Intentaban medir con un programa interactivo la tendencia de distintos sujetos a obedecer órdenes de seres sobrenaturales en lugar de atender las peticiones de otros humanos. Antes de que pudiese desobedecer a algún espíritu, llegó el profesor Dunbar en bicicleta, disculpándose entre jadeos por su tardanza y, al ver las cámaras, por el estado de su despacho. «Aquí no tengo ni una calavera y mi mujer me matará si sale todo este desorden en las fotos», comentó demostrando mayor temor hacia los vivos. Grabamos un vídeo para la página del Proyecto Gran Simio sobre los descubrimientos primatológicos más relevantes de los últimos veinte años. Luego pasamos a sus libros más recientes, The Human Story (2004), traducido por Crítica como La odisea de la humanidad, y How Many Friends Does One Person Need? Dunbar’s Number and Other Evolutionary Quirks, que acaba de salir. Darwin decía que aprenderíamos más metafísica estudiando a los babuinos que a John Locke y tanto estos dos últimos libros como las obras anteriores traslucen muchas inquietudes filosóficas. ¿Es esto cuestión de personalidad, de metafísica babuina o de la continuidad entre el trabajo del primatólogo, el antropólogo y el filósofo? Hay muchos temas de interés para los tres campos, como el del origen de la moral… Y, ¿cómo puede la biología explicar la moral por sus efectos beneficiosos para el grupo, cuando solo admite las explicaciones basadas en el beneficio reproductivo individual? Un ejemplo más sencillo es el de la abnegación materna, que indudablemente mejora el éxito reproductivo. Mi teoría es que no solo la moral sino quizá también el lenguaje y la técnica se derivan del enorme trabajo que los homínidos damos a las madres. Las explicaciones evolutivas de la moral, la compasión y la reciprocidad son generalmente celebradas. Pero cuando los biólogos intentan explicar nuestra inmoralidad y nuestros crímenes, como ocurrió con la explicación darwinista de la violación de Thornhill y Palmer, se les echan todos encima… Claro, esto buscan Thornhill y Palmer, que la penalización por violar sea tal que supere los posibles beneficios. Pero, ¿y el caso del que mata a la madre de sus hijos y luego se suicida? Esto es lo peor que uno puede hacer para pasar sus genes. ¿Cómo puede explicarse? ¿Por el beneficio indirecto de amenazar con determinación? Y pasando del psicópata genocida al altruista internacional, ¿cree que el número Dunbar está relacionado con la falta de una respuesta emocional ante la pobreza mundial más acorde con los principios éticos cosmopolitas que casi todos aceptamos racionalmente? ¿Es que somos, por naturaleza, incapaces de preocuparnos demasiado por más de 150 personas, el tamaño de la típica tribu? …alumno… ¿Y qué ha cambiado Facebook? ¿Puede conectar, por ejemplo, nuestras distintas comunidades?
Sin embargo La odisea de la humanidad omite las diferencias de género, presentando una historia prácticamente asexual, algo rarísimo en un primatólogo, aunque sea casi inglés (Dunbar salió de Liverpool con tres meses y creció en Australia y África oriental). ¿Y cómo se gana esa carrera con la religión? Me intriga la explicación porque es fácil ver en otros simios los orígenes del humor, el lenguaje, la técnica, la teoría de la mente e incluso la apreciación estética. Los hemos visto hablando de la muerte en lenguaje de sordomudos, enterrando, visitando al enterrado, acompañando al moribundo en el lecho de muerte, tolerando que una madre que pierde un hijo lo acarree mientras se momifica, pese a que les asusta ser tocados por un cadáver… pero no hemos visto nada parecido a una religión. Pueden transmitirse culturalmente la idea de que algunos seres son temibles y pueden jugar con muñecos o tótems atribuyendo personalidades e intenciones a objetos inanimados, pero saben que es solo un juego… ¿Y si pusiésemos en su jaula un gran chimpancé mecánico que entregase fruta si se le ruega mucho? Se les da bien pedir insistentemente, así que pedirían, haciéndose cruces, si eso funcionase. Y al ver a otros persignándose, sabrían qué intentan los demás y lo harían juntos, si pedir juntos fuese más efectivo. Y los que más influencia tuviesen con este Buda peludo adquirirían mayor rango, y acceso a las hembras… …el consumo de alucinógenos… Como en la clásica explicación de la danza de la lluvia hopi, que es inútil para atraer la lluvia, pero funciona para crear cohesión… De nuevo volvemos al número mágico y a una explicación asexual y grupal que no nos remite a la ventaja reproductiva individual, sino al bienestar colectivo. Sin embargo, el humor, que relaja, une y reconcilia, está notablemente ausente en las religiones. Muchas reprimen y castigan el humor, como el contacto físico y la danza. En cambio, el control de la sexualidad y el acceso sexual de los líderes religiosos a cualquiera que se les antoje es un rasgo persistente en las más variadas religiones y sectas del mundo: desde la religión del trokosi, en la que el que dice hablar con los dioses puede llevarse a cualquier niña que se le antoje y tener hasta 100 esclavas sexuales y agrícolas; hasta las ninfas, esclavas sexuales y domésticas de los monjes de tantos países, pasando por las prostitutas de los templos, las muchas sectas descritas en The Human Story, y los escándalos que constantemente salen en la prensa… y todo encaja con la explicación biológica estándar de la conducta masculina: poder y control de la sexualidad y las mujeres… Los fieles no tendrían a dónde ir, sin pareja, ni amigos en el bar… En muchas especies, cuando los machos son más una amenaza que una ayuda, ellas prefieren una parte menor de un macho de mayor status que una parte mayor de uno de menor status. Bueno, yo sobreviví al frío físico y social de varios países gracias a la salsa. Haces ejercicio y amigos, tienes una comunidad que siempre parece alegrarse de verte, y desconectas más fácilmente que meditando, porque hay que concentrarse y contar los pasos como un mantra. Creo que la seguridad social inglesa podría ahorrar mucho promoviendo la salsa, que no tiene, además, el estigma de los counseling services… No sé si Dunbar hubiese sido un gran filósofo. Sin duda es un científico interesantísimo, rebosante de datos, ideas y preguntas y con un contagioso sentido del humor. Y su capacidad de descifrar los más diversos fenómenos, desde el tamaño del neocórtex, a los rituales religiosos, pasando por el uso de Facebook, con un solo número, es un ejemplo fascinante de parsimonia científica. Paula Casal. Investigadora de la Universidad de Reading (Reino Unido) y de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (ICREA). Vicepresidenta del Proyecto Gran Simio. |
© J. French «Hemos empezado a ver cómo en especies sociales, la conducta antisocial puede tener costes individuales a largo plazo mayores que los beneficios inmediatos»
«La sociabilidad es la estrategia reproductiva femenina. Ellas son el centro de la sociabilidad primate. Además, el cerebro de una especie aumenta con el tamaño del grupo femenino en esa especie»
«Los hombres son criaturas emotivas, las que piensan son las mujeres. Ellas son el centro de la sociedad. Ellos son como abejas alrededor de la miel, lo único que hacen es merodear esperando la ocasión de copular»
![]() © J. French «Como cualquier primate, necesitamos la proximidad y el contacto con nuestros congéneres para segregar las endorfinas que nos relajan, estimulan nuestro sistema inmunitario y hacen que nos sintamos bien»
«El gran poder emotivo que tienen las religiones sobre la gente es mayor cuando hay normas estrictas relativas a la distancia que debes mantener con los demás» |
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